Be stupid

Tengo un dilema como el estrecho de Bering. Una parte de mí es Siberia, la otra Alaska, y en medio, el brazo de mar, gélido y agitado.
El caso es que no sé qué ponerme. Ya falta poco para el gran día y aún estamos así. Puedo imaginar el momento, todos accediendo al salón con sus vestidos exuberantes o sus chaquetas perfectas. Empezará la música, cada cual echará mano de su máscara y bailarán. Es un vals con disonancias, algo raro y difícil de seguir. Cuesta, pero todos bailarán, hasta que toque la campana. Entonces saldrán corriendo, con tanta prisa que se desnudarán por el camino, sin pudor, porque esas son las reglas de juego y todos lo saben.
Qué tiempos más extraños. No hay nada más anticuado y hasta ridículo que el altruismo. Y al mismo tiempo, qué poca fe en nosotros mismos. "Be stupid for succesful living". Es el último eslogan de la modernidad.
En algún momento he pensado en presentarme a la cita sin duchar, con el pelo sucio, oliendo mal. Pero es solo una pataleta porque no tengo qué ponerme. La verdad es que si lo tuviera, me lo pondría, y bailaría.
Equilibrismos

Mirar hacia dentro.
Porque es fácil perder la brújula y dejarse bambolear al ritmo que imponen obligaciones, autoimposiciones, historias de otros, hallazgos de otros, saltar de un cuento a otro como piedras sobre el río sin mojarse ni una gota.
Mirar hacia fuera.
Tu propia historia, tu eterna historia, tus mismos conflictos y tus mismas ilusiones masculladas una y otra vez, como un chicle que se hace más y más grande en tu boca y el sabor te satura y pasas por delante de otros y no ves, enredado en tu drama sobredimensionado y sin desenlace.
Intentar caminar sobre el cable.
Afuera hoy hubo una obra llamada Glengarry Glenn Ross que habla de la feroz mediocridad de los hombres y del ruido de las palabras atropelladas que no conducen a nada. Basta con que nos pongan al borde del precipicio y nos den algunas armas. Sabremos cómo usarlas, sin complejos y sin culpa, cualquier cosa con tal de ponernos a salvo, o en el primer puesto de la pizarra. Luego hay grados de avaricia y millones de circunstancias personales, pero básicamente se trata de que, en una situación límite, todos somos salvajes, desde que el drama es drama.
Es llamativo que el mismo David Mamet que escribió esta obra sobre la crueldad del capitalismo hace un par de años escandalizara al mundo del artisteo anunciando y explicando su giro conservador en una carta publicada en el Village Voice. Valiente, desde luego. Mayor, quizá, también.
Dentro.
Paranoias varias frente al vértigo del cambio. Ciudades, personas queridas, circunstancias, códigos. Todo cambia en muy poco tiempo. El deseo y la imposibilidad de perpetuar la armonía, lucha desproporcionada y ciega contra gigantes.
Compañías navideñas
Un trágico y oscuro hilo une mis compañías navideñas. Confieso que cuando vi a Vic Chesnutt hace sólo un par de meses en el Bowery Ballroom no aguanté hasta el final. Tocaba acompañado de Guy Picciotto (Fugazi) y miembros de Thee Silver Mt Zion, que han colaborado con él en su último disco, “At the cut”. Me extrañó que apenas se miraran entre ellos, como si la música fuera algo tan sagrado y solemne que no mereciera la más mínima distracción o sonrisa. El centro del escenario estaba vacío, Vic ocupaba el extremo derecho, con su guitarra acústica y esa voz dolorida que cuando chilla provoca escalofríos, pero sobre todo cuando se calla, y pasa en un parpadeo de la emoción absoluta a la frialdad más espeluznante. Era realmente incómodo. Creo que me marché después de la ‘letánica’ “Chain”. No fui la única.
"I even kissed you once or twice / To this day, I swear it was nice / But clearly I was not ready"
La fatalidad de la “Luna Rosa” de Nick Drake es más sutil y se digiere mejor. Once canciones cortas en las que sólo se escucha su voz, la guitarra acústica y algo de piano. Es un disco bellísimo, aunque Nick Hornby lo explica mucho mejor. Cuentan que lo grabó en dos noches, que él mismo llevó el máster a la recepción de Island Records en Londres y lo dejó ahí, sobre el mostrador, sin decir nada. Tardaron una semana en recogerlo. Fue su tercer y último intento de lograr el reconocimiento que sólo llegaría años después de haberse sobrepasado con los antidepresivos. Le llaman ídolo maldito y misterioso. Pero ¿a qué llaman misterio?.
“A day once dawned/And it was beautiful/A day once dawned from the ground/ Then the night she fell /And the air was beautiful ”
Cierra el trío una dama. Sylvia Plath y su Campana de Cristal, o cómo la cordura va abandonando a su protagonista, Esther Greenwood, de una forma tan sutil y natural que asusta. Cuerdas, pastillas, agua, cuchillas. Plath optó por el horno, lo cual resulta ser mucho más novelesco.
“How did I know that someday - at college, in Europe, somewhere, anywhere - the bell jar, with its stifling distortions, wouldn’t descend again?
Un paseo por el mundo

La línea 7 del metro de Nueva York arranca en Times Square y termina en China. El trayecto dura unos 40 minutos, desde la marea invasiva de rótulos luminosos y carteles XXL que anuncian cada musical de Broadway, entre el vaivén de turistas y el despliegue policial, hasta el también populoso cruce entre Flushing y Main Street donde el ajetreo es cien por cien local, pero chino: carteles, voces, rostros, comida…, y ni rastro de un Starbucks.
Eso es la última parada del tren, pero si haciendo el camino inverso a lo largo de Roosevelt Avenue uno decide apearse dos paradas más abajo y comienza a caminar, pronto empezará a escuchar salsa, verá letreros en los que pone “Se renta cuarto” y rostros que muy bien podría encontrarse en Guatemala o en México.
A la altura de la calle 74 la historia se repite, pero ahora estamos en la India, y un poco más abajo hay un barrio irlandés, identificable por las iglesias y las tabernas, aunque esta vez no por la población, pues ya empiezan a mezclarse irlandeses con indios, colombianos con coreanos, rumanos con turcos.
Queens es el segundo de los cinco barrios de Nueva York más poblado, después de Brooklyn, con más de 2.200.000 habitantes, y dicen que es el de mayor diversidad étnica de todo Estados Unidos -150 países de origen-, algo en lo que tuvo mucho que ver la construcción de esta línea 7 allá por 1915, pues muchos inmigrantes que vivían hacinados en el Lower East Side de Manhattan se mudaron a este barrio en busca de una mejor calidad de vida.
Ver desfilar el mundo desde el tren con los rascacielos al fondo es muy bonito, pero vivir en cualquiera de los edificios que recorren la avenida Roosevelt debe de ser un infierno, pues al estruendo de los viejos trenes hay que sumar el de los aviones que cruzan por encima de la línea para aterrizar o despegar del aeropuerto internacional JFK.
Chamber Pop
Es raro escuchar algo diferente en el pop. Clare and the Reasons dicen que lo suyo es “chamber pop”, o sea, pop de cámara; y es cierto que en sus canciones hay complicados arreglos orquestales, pero hay algo más: ecos orientales en las armonías y en la delicada voz de Clare Muldaur, y también reminiscencias de los años 20, posiblemente de las canciones de Bessie Smith y Sam Cooke que ella misma solía escuchar en casa de sus padres.
El toque Beattle lo aporta Olivier Manchon -la principal "razón" de la banda- y también el pedigrí jazzístico y los aires franceses. Sobre el escenario, el número de componentes es variable, se reparten viento, cuerda y percusión en una variedad de instrumentos –violín, cello, ¡sierra!, trombón, kazoos y elementos percutores varios- que van cogiendo y dejando y pasándose unos a otros con un alegre desenfado como el que desprenden sus canciones. Al parecer es Clare quien las compone en su cocina y luego las arreglan en grupo. ¿A que es romántico?
Por cierto, que son de Brooklyn, debutaron en 2007 con Movie, que incluía una colaboración de su vecino Sufjan Stevens, y ahora están presentando en directo Arrow.
Cajas de resonancia
Una semana y cientos de bandas que aspiran a ser la próxima gran promesa, los nuevos Arcade Fire. Esta vez el nombre de los ganadores estaba cantado de antemano. Con todo vendido para sus cinco actuaciones en distintas salas y precedidos por una excelente crítica en esa biblia de la música independiente que es Pitchfork, los XX han sido lo más destacado de esta edición del CMJ de Nueva York.
Todo el mundo parece estar de acuerdo en que su pop minimalista y oscuro es original y excitante, aunque al directo de estos cuatro veinteañeros británicos le falte algo de viveza; su primer disco, homónimo, ha sido incluido en el puesto número 6 de la lista del futuro de la revista NME, una colección de canciones basadas en los ritmos envolventes marcados por el sintetizador y el bajo y las letras íntimas que Oliver y Romy se susurran el uno al otro.
De todos modos, lo más sorprendente de todo esto es el fenómeno en sí, cómo una banda que toca ante auditorios de 300 personas está de repente en boca de todo el mundo, cuáles son los eslabones de esa cadena ascendente hacia el éxito. Está claro que Internet lo ha cambiado todo, también aquí, y ha facilitado el efecto multiplicador de las cajas de resonancia, pero también que a veces ese efecto es desproporcionado y se produce sin dar tiempo para que los frutos maduren.
Un extraño pájaro

Procede de un lejano lugar donde la belleza consistía en eso. Y ella era sin duda la más bella. Pero sin saber muy bien cómo ha llegado hasta aquí, delante de nuestros ojos inquisidores y despiadados. Su leve desconcierto hace que el vestido parezca aún más suntuoso y exagerado. ¿Sobrevivirá?
La fotografía es de Alice O’Malley y encierra perfectamente el misterio de Antony Hegarty, la extraña y asombrosa belleza de una música que es a la vez sutil y desmedida, susurrante y dramática. Forma parte de la exposición "Dress Codes" que acoge el International Center of Photography de Nueva York hasta el 17 de enero de 2010 y que plantea cuestiones como la relación entre arte y moda, la construcción de una imagen pública o las implicaciones sociales del vestir.
Chet Baker según Bruce Weber

Qué misteriosa ecuación establece la tiranía de los genios y el sometimiento de las almas mortales y amorosas. Chet Baker. El simple hecho de escribir su nombre da un lustre especial a la escritura. Un sonido dulce, suave y persistente como el de sus melodías. Su voz y su trompeta tenían la misma cualidad, capaces de suspenderte en un tiempo eterno, con un solo corte, limpio y preciso, indoloro, al menos mientras suena.
“Dicen que a Chet le gusta estar siempre a un palmo del suelo, ¿es cierto?”, le preguntan unos chavales a un Chet maduro y castigado en "Let's get lost", el documental de Bruce Weber que se ha estrenado en los cines españoles con 20 años de retraso. Y Chet sonríe, espontáneamente enigmático y lejano, desde un lugar al que sólo unos pocos, como dice Weber pueden llegar, y que el resto tratamos a duras de penas de imaginar para poder comprender a qué distancia exacta están la gloria y la autodestrucción.
Para empezar, como en cualquier artista, será preciso un ego de un tamaño considerable y un deseo infinito, tal vez necesidad, de alimentarlo emprendiendo los viajes más salvajes y peligrosos. Al fin y al cabo, la exploración de los límites en el arte suele ser el camino que conduce a la belleza, y no debe de ser fácil para el artista aparcar y circunscribir ese ánimo explorador a un solo ámbito de su vida. Lo extraño es que, lo que en el arte es sublime, en el territorio de las relaciones humanas se convierta en una fuerza devastadora que no se detiene ante nadie: ni padres, ni esposas, ni amantes, ni hijos, y ni siquiera el propio ego. Eso sí, te destroza con la mayor de las delicadezas. Y todo para finalmente emocionarse montando en los coches de choque.
Dice Weber que lo mejor de Baker era su inocencia, y que incluso al final de su vida, cuando se rodó el documental, transmitía belleza detrás de esa fachada semiderruida.
"Es lo que él cantaba en Love and fascination. Chet provocaba puro romanticismo, pura dulzura, y luego desilusión".
Bienvenido
Para empezar a publicar artículos y administrar tu nueva bitácora:
- busca el enlace Administrar en esta misma página.
- Deberás introducir tu clave para poder acceder.
Una vez dentro podrás:
- editar los artículos y comentarios (menú Artículos);
- publicar un nuevo texto (Escribir nuevo);
- modificar la apariencia y configurar tu bitácora (Opciones);
- volver a esta página y ver el blog tal y como lo verían tus visitantes (Salir al blog).
Puedes eliminar este artículo (en Artículos > eliminar). ¡Que lo disfrutes!
